EXPOSICIONES EN LA ALHAMBRA


La Granada Zirí y el Universo Beréber

El Estrecho de Gibraltar, como definió Fernand Braudel, no es una barrera líquida que se levanta entre la masa continental del mundo ibérico y la del mundo norteafricano, sino un río que une más que separa, que hace del África del Norte y de la Península Ibérica un solo mundo.

Protagonistas desconocidos y silenciados por las fuentes oficiales, los beréberes (o amazigues, como ellos quieren que se les llame) son el conjunto de pueblos que ocupaba desde tiempos remotos la práctica totalidad del norte de África, desde el oasis de Siwa (oeste de Egipto) hasta el océano Atlántico, comprendiendo también las Islas Canarias, y desde el Mediterráneo hasta los límites meridionales del Sáhara. Han recibido numerosos nombres a lo largo de la historia (mauri, lebu, númidas, gétulos, garamantes…), lo que reflejan la gran pluralidad interna, geográfica y cultural de los mismos.

Los amazigues han sido testigos de innumerables migraciones, colonizaciones e invasiones como son las de los fenicios, romanos, vándalos, árabes y las colonizaciones europeas. Todas han ido enriqueciendo su identidad, pero al mismo tiempo, les han ido reduciendo en número a través de las políticas asimilacionistas. Y sin embargo, los beréberes existen. En la actualidad todavía se estima que superan los 35 millones de personas, de los que unos 20 millones residen en Marruecos, y varios millones en la diáspora europea y americana.

Las identidades amazigues se plasman hoy, en primer lugar y, sobre todo, en la lengua el TAMAZIGT, en sus distintas variedades (tarifit, tašelḥit, tamāšeq…); seguidamente en la conciencia de pertenecer a un legado común (con unas tradiciones, fiestas y costumbres compartidas); y, finalmente, en la voluntad de asumirlo como propio.

He aquí una exposición sobre la Granada zirí y el universo beréber, única hasta el momento, que arranca de más lejos y que se propone ante todo ser una muestra de una cultura cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos y que continúa hoy día pese a todos los avatares históricos. Combina historia con huellas arqueológicas, referencias etnográficas y antropológicas.

Amazig y Granada se funden aquí en una asociación indisoluble para el resto de la Historia. En efecto, la Granada actual no se concebiría de la misma forma sin la impronta de los ziríes. La llegada de estos beréberes ṣinhāŷa a Ilbīra y su decisión de trasladar la capital del emirato, entonces en ciernes, a la actual Granada tienen unas consecuencias indelebles. En el 1013, Granada se convierte por primera vez en una ciudad islámica y además capital de una formación política independiente: la taifa zirí. A partir de ahí experimentará un desarrollo vertiginoso alcanzando unos límites próximos al de su máximo apogeo medieval y moderno. A los ziríes Granada les debe un legado monumental de gran originalidad que jalona el paisaje urbano (Torre alminar de San José, la coracha con la Bāb al-Difāf, el Bañuelo…) y periurbano, con las redes de acequias. Incluso, la decisión de establecer una primera Alhambra que, en forma de castillo, marcaría las pautas a seguir dos siglos más tarde por los nazaríes.

A partir de finales del siglo XI, grandes dinastías procedentes del norte de África, como son los almorávides y luego los almohades, tratan de reunificar el occidente islámico, reinterpretando el Islam, homogeneizándolo y valorizando la lengua y cultura amazigues se convierten en vectores de la islamización. Pero la incidencia amazig no acaba aquí. En plena hegemonía de los reinos feudales, a partir del siglo XIII, una nueva potencia toma el testigo, los benimerines. Los lazos entre este emirato, con sede en Fez, y el de los nazaríes de Granada fueron muy sólidos, las influencias mutuas y los préstamos copiosos. Todo ello se observa en la propia Alhambra y en las grandes construcciones estatales (madrazas, maristanes, puertas de aparato…) pero también en el mismo ajuar cerámico cotidiano. Se ha llegado incluso a sostener que hubo una magrebización de Granada.

La fascinante colección de la Fondation Dra. Leila Mézian expuesta en esta muestra, sirve de prolongación y actualización de la entidad cultural de los amazigues, unos grupos humanos que si bien han estado situados en el mundo islámico, siempre han contado con una marcada personalidad propia, y nos ofrece el testimonio etnográfico y antropológico de formas de vida tanto campesinas y ganaderas como urbanas y artesanales.

En definitiva, estamos ante un exuberante universo visual que, dirigido a todos los públicos, pretende dar voz a unos pueblos que poseen un dilatado y rico pasado, con frecuencia silenciado, un presente repleto de luchas y manifestaciones pluriculturales originales, y un futuro que, si bien no está exento de dificultades, resulta cuanto menos prometedor y apasionante.

 

Fuente: Patronato de la Alhambra y Generalife

 

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